18 de abril de 2011

Estrés automovilístico

Hace unos días (antes de mi periodo vacacional que ayer concluyó, estando hoy de vuelta al trabajo y decidiéndome por fin a contar alguna historieta del trabajo) fui a un domicilio a recoger a una perra con sus cachorritos. La Policía informó que, según la propietaria de la casa donde se encontraba la perra, esta acababa de parir por tanto la acompañaban 4 cachorros recién nacidos.

Después de dar muchas vueltas por las usuales malas explicaciones que da la gente, llegué a la casa y la señora me condujo una especie de cuadra donde dijo tenía a los cachorros, ahí están, señaló. Yo eché un ojo y miré a los cachorros, luego miré a la señora,a los cachorros, y una vez más a la señora, al final esta dijo: "Bueno, igual ya tienen una semana o así" "Sí, o un mes" dije yo riéndome, mientras cogía los cachorros obviamente ya con los ojos abiertos, dientes y rechonchillos.

"Cazar" a la perra ya fue otro asunto, pues no le apatecía en absoluto venirse conmigo. Después de correr tras ella por todo el monte de los alrededores mientras se hacía de noche conseguimos subirla a la furgoneta. Ya dentro, se tumbó al fondo con  los cachorrillos muy tranquilamente por lo que, aunque la até, no me esforcé mucho y la dejé bastante larga para que pudiera llegar a ellos.

Durante el camino de vuelta conducía yo tranquilamente cuando la perra empezó a agobiarse ladrar y llorar, yo intenté tranquilizarla pera se estaba poniendo cada vez más nerviosa, hasta que, derrepente saltó sobre mí. (Se trataba de una perra de unos 30 kilos nerviosa y asustada). Casí me voy de la carretera del susto que me llevé, además se puso delante y apenas me dejaba ver. Como pudé la empujé hacia el asiento del copiloto, pero no contenta con la nueva posición empezó a morder como loca la palaca de cambios,  haciendome muy dificiles los cambios de marcha. Después de pasar varias veces por encima de mí se acomodó sobre el freno de mano mientras seguía mordiendo la palanca. Yo no podía parar en ninguna parte pues era una de esas carreteras bastante transitadas, ya casi en la ciudad y sin arcen, bordeada por un muro... 

"Hoy es el día de mi muerte".  Pensé, fiel a las enseñanzas de mi amiga M.M. que siempre que nos exponemos a una situación crítica o peligrosa comenta muy seriamente: "Chicas, hoy es el día de nuestra muerte". Que lástima pensé, en la flor de la vida, a un día de mis vacaciones y a tres de cumplir 26.

Finalmente, conduciendo a 20 por hora y con las luces de emergencia conseguí llegar sana y salva aunque muy estresada al Hospital.

6 ladridos:

Mama dijo...

Ya te vale... ¿por ke no me contaste esto "in person"me parece fatal.... ala dicho keda

Bolboreteira dijo...

Uiss! Qué peligro!! Ser veterinaria tiene sus peligros también.
Esperemos que no vuelva a pasarte, abrá que atar más en corto para la próxima vez, que no es plan jugarse la vida de esta manera.
besitoss!!

Goyo dijo...

Peligrosa vida la del veterinario. Cuidado para la próxima ocasión.

Naar dijo...

qué peligro!! yo a veces cuando llevo al gato al veterinario le dejo suelto y se empeña en ir encima de mis piernas mirando a través del volante. como si condujera él también y algún día contaré lo del pájaro que iba sobre la cabeza de mi padre mientras conducía, jejeje

puzzle incompleto dijo...

Es super peligroso esto, cuando llevo el perro en el coche no voy sola nunca, por si pasa esto. Me alegro que no pasará nada.

Un beso

Nora dijo...

Yo nunca voy suelta en el coche. No paro quieta y, como a todos mis congéneres, me apasiona sacar la cabeza por la ventanilla. Avasallando.

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