20 de mayo de 2011

La planta carnívora

Aun a riesgo de parecer totalmente subnormal, me dispongo a contar la historia de la planta carnívora. Y eso que le pregunté a Clara, ¿Si cuento lo de la planta carnívora pareceré retrasada? Y ella dijo: Si. Así de tajante. Y aún así lo voy a contar. Porque si ya sabéis que de pequeña pensaba que los calamares eran peces con forma de aro, y podemos comentar sin mofarnos el que una persona no se de cuenta de que los animales y/o humanos machos también tienen pezones, creo que podréis pasar por alto, sin considerarme excesivamente lela, mi ignorancia en cuanto a plantas carnívoras.

Durante mis años universitarios viví en Lugo (como ya comenté en otras ocasiones) en un piso. En realidad vivimos en 4 pisos diferentes (uno por año, excepto en uno en el que increíblemente pasamos 2 cursos) aparte del primer año, que vivíamos en una residencia. Cada año por un motivo u otro nos veíamos "obligadas" a cambiar de piso. Unas veces más obligadas que otras, pero son largas historias para contar otro día.

Un día, Belén llegó de pasar el fin de semana en su casa acompañada de una planta carnívora. La dejó en la mesa del salón y se fue a sus quehaceres (que no creo que fueran deshacer la maleta o recoger su habitación. Puede que se fuera a tomar una caña) dejándome en el salón observando con curiosidad a la nueva inquilina. Nunca había visto una, y a primera vista me defraudó un poco pues físicamente no tenía nada que ver con lo que yo esperaba de una planta carnívora, en los dibujos animados parecían feroces y peligrosas. Esta la verdad, parecía una planta como otra cualquiera y no tenía pinta ninguna de ir a atacarme.

Yo comía en ese momento un bocata de chorizo. Así que, con la esperanza de ver la verdadera "personalidad" de la planta, saqué un cacho de chorizo de mi bocata. Primero sobrevolé escéptica las inmediaciones de la planta agitando el chorizo. Podría decir que esperaba que saltara como un perro a comerse el chorizo, o que sacara todos sus dientes como las del Super Mario Bros y se llevara de paso mis dedos, pero eso sería echarle demasiada imaginación. Me acerqué con cuidado, por si acaso.

Finalmente arrojé el cachito de chorizo dentro de la planta. Porque, aunque bien es cierto que parecía una planta común, tenía una especie de saquitos abiertos muy curiosos. Me quedé un buen rato observando el chorizo dentro de la planta, esperando ver como lo tragaba, o sacaba una enorme lengua pegajosa que lo adhería y llevaba a su interior o si segregaba alguna especie de líquido super-potente que lo digería. No sé que esperaba ver, la verdad. Al final me aburrió la sosa planta y me largué.

Al rato volvió Belén y la oí exclamar sorprendida: ¡¡Iria!! ¿A que viene esto?

Chorizo (GgggGggg) + Semejante gilipollez = Iria. Estaba claro que de entre las 4 inquilinas, el asunto del chorizo tenía que ser cosa mía. 

Belén dijo que no era así como "funcionaban". Al parecer las plantas carnívoras, ni tienen dientes, ni comen chorizo, ni hacen desaparecer la comida en un santiamén. Menudo chasco.



3 ladridos:

tara dijo...

Jajaja!! Me ha alegrado una mañana monótona y cansada por dormir poco!!! Nunca pierdas estas anécdotas, porque son la sal de la vida. Serás una abuela cojonuda contando tus historias XD Gracias por compartirla, valiente!!

Naar dijo...

yo de pequeña también pensaba que las plantas carnívoras eran como las de mario bros, con sus dientes, todas feroces. pero no. nunca les he dado chorizo, pero las he visto y son un rollo. molan mucho más las de ficción.

Goyo dijo...

Jejejejeje, es muy buena la historia. Yo te digo una cosa, vaya mierda de planta carnívora que no le gusta el chorizo. Igual era más de jamón ibérico, igual era una carnívora sibarita...

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