29 de abril de 2011

Planchas de vapor

En el trabajo tenemos nuevos pijamas. De color Lila, monísimos. En realidad son mucho más claros que el de la foto, aunque bueno, supongo que a nadie le importa el color exacto de nuestros nuevos uniformes.

El asunto es que a todas nos quedan bastante largos así que tuvimos que arreglarlos un poco. Felizmente, para no tener que complicarnos la vida Clara, siempre muy enterada de las novedades del mundo de la costura y manualidades en general, trajo una especie de cinta viscosa, que cuando le das con la plancha pega por los lados. Los más hábiles habréis imaginado que el peliagudo asunto consiste en  subir para arriba el  cacho de tela sobrante, meter la cintita en el borde pasar la plancha y voilá, asunto arreglado. A Rosario le pareció facilísimo (aunque luego lo hizo mal), yo comenté que no me parecía tarea sencilla.

Al llegar a casa, le pregunté a D dónde guardamos al plancha para ponerme manos a la obra. Nunca la había cogido en el tiempo que llevamos en el piso (mi madre dirá que debería darme vergüenza comentar eso aquí).

Yo: Que plancha más rara.
D: No se que le ves de raro
Yo: Mmm, no sabría decirte... No sé, es lisa, no tiene agujeros por debajo.
D: Claro, porque no es una plancha de vapor
Yo: ¡Ah! ¡Que no todas las planchas echan vapor!

Esta conversación me llevó a recordar una historia (¡como no!)

Cuando era adolescente e iba al instituto, mi madre me planchaba el pelo. No contaba con las maravillosas planchas que tengo hoy día con las que yo sola puedo plancharme el pelo en un santiamén. Así que, mi madre me lo planchaba con la plancha de la ropa.

Supongo que todos conoceréis la técnica. Yo me ponía de rodillas en el suelo, estiraba mi larga melena sobre la tabla de planchar y mi madre me planchaba cual camisa.

Bien, un día, mi ingeniosa madre dijo: Vamos a probar poniéndole vapor a la plancha. Seguro que queda mejor.

Teníamos que habernos parado a pensar un momento antes de proceder. Pero yo accedí encantada, cualquier técnica que pudiera dejarme el pelo más liso y durante más tiempo era bien recibida.

Me coloqué y estiré el pelo sobre la tabla, con la cabeza bien pegada para planchar bien hasta las raíces. Mi madre colocó la plancha sobre el pelo, el vapor salió de la plancha y fue a parar directamente a mi cabeza, abrasándome el cuero cabelludo. 

Yo salté gritando como una loca (no era para menos) y maldiciendo a la plancha y al vapor durante un rato. Mi madre lo había hecho con su mejor intención  y no lo había visto venir. Yo estaba desesperada creyendo que me iba a caer todo el pelo.

Afortunadamente, el pelo no me cayó, por lo menos no mucho, pero toda esa zona se peló, creándome una caspa terrible y humillante que me obligó a enfundarme el gorro de rayas de colores y no sacármelo durante unos cuantos días.

Mamá y yo

28 de abril de 2011

Hablar por hablar

Hoy a mediodía mientras comíamos D y yo veíamos Friends, en un momento del capítulo Joey entra en casa de Chendler y Mónica y pregunta, ¿Que estáis haciendo? Y ellos responden: Hablando.

Chendler y Mónica estaban sentados a la mesa, uno frente al otro, simplemente hablando.Ni siquiera bebían nada. Me quedé pensando y le comenté a D: Que curioso, nosotros nunca estamos SOLO hablando.  

-¿Como no?- respondió él - Nosotros hablamos mucho.

- Si - respondí yo - Hablamos mucho, pero nunca SOLO hablamos.

Quiero decir, hablamos mientras hacemos la cena, mientras recogemos la cocina, mientras tomamos una caña en un bar, mientras nos duchamos, mientras paseamos al perro, mientras hacemos la cama... Y sobre todo hablamos mientras vemos la tele. Pero creo que siempre hablamos mientras hacemos otra cosa, nunca hablamos, exclusivamente.

-Si alguien entrara en nuestra casa - seguí dándole vueltas al tema - preguntando que hacemos, nunca tendríamos la oportunidad de contestar, estamos hablando. Diríamos, estamos tomando un café, durmiendo la siesta o preparando un bocata.

Y, a raíz de esta conversación, recordé los primeros días en el primer piso en el que vivimos en Lugo. Fueron unos días extraños porque Belén, Anabel, Clara y yo, simplemente hablábamos.

¿Por qué?

Porque no teníamos tele. Era Septiembre y con motivo de los exámenes nos habíamos instalado en nuestro nuevo piso después de haber pasado el año anterior en una residencia. Todavía no teníamos casi nada, entre otras cosas ¡tele! La sugerencia de Belén de "hurtar" una el curso anterior en la resi  alegando que nos habíamos dejado allí la suficiente pasta como para merecernos una tele a modo de regalo de despedida, no había cuajado. Por tanto, por el momento no gozábamos de tan preciado aparato. Nuestros sofás miraban hacia un mueble vacío.
Y estudiábamos claro, para eso estábamos allí. Pero no se estudia durante todo el día. Y el tiempo que no estudias suele emplearse en descansar o comer en el sofá mientras ves la tele. Nosotras nos sentábamos las cuatro y hablabamos. De todo y de nada. Hacíamos planes sobre nuestra futura vida en común durante los próximos años, sobre como nos organizaríamos en el piso y nos contábamos lo sucedido ese verano. Ni siquiera nos acordábamos de que no teníamos tele. Recuerdo el comentario de Anabel: ¿Os dais cuenta que desde que no tenemos tele hablamos un montón? Anda, pues es verdad - dijimos nosotras que ni habíamos reparado en el asunto.

 La tele acabo llegando y aquel paso a ser un piso de estudiantes normal. Pero en memoria de aquellos charlatanes días, Belén adquirió una costumbre que conservó los años siguientes. Cuando estábamos todas viendo atentamente la tele, y sin previo aviso, cogía el mando, la apagaba y decía: Bueno, ¿que contáis?.

Nosotras la mirábamos, más o menos furiosas dependiendo de lo interesante de lo que estuviéramos viendo y ella decía: Hay que hablar más y ver menos la tele, como hacíamos en aquel primer piso cuando aun no teníamos tele. ¿Os acordáis?

Así eramos: Belén tan rapera, Anabel con su toque siniestro, Clara siempre fue la más divina, y yo y mis colorines

25 de abril de 2011

De vuelta de un Fin de Semana de bodorrio






Vestido: 18 euros (Cierto es que costaba bastante más, pero lo pillé rebajado)
Tocado: 13 euros
Zapatos: Prestados
Medias: También tendrán un precio pero me las compró mi madre, así que lo desconozco. Espero que no fueran muy caras porque después de bailotear descalza toda la tarde quedaron completamente negras y agujereadas

Al parecer no es glamuroso comentar el precio del vestido ni que los zapatos pertenecen a otra persona. Pero yo creo que es muy digno contar que por solo 31 euros puedes ir a una boda tan ricamente, gustarte a ti, al resto (aunque eso me importa menos) y pasártelo estupendamente (Para esto último lo único importante es la compañía. Bueno, y la barra libre ayuda también).

Tengo una familia genial.

19 de abril de 2011

Perro incrustado


Hoy a primera hora de la mañana tuve que ir a Valdoviño a recoger a un perro que se había quedado, literalmente, incrustado en el muro de una casa. De manera  similar a esta:




 
El asunto es que no me habían dado muchos detalles sobre como ni dónde estaba el perro, simplemente sabía que estaba atrapado de alguna manera. Avanzaba yo lentamente con la furgoneta buscando la casa en cuestión cuando derrepente me encontré con una escena bien peculiar. Una casa, con su muro, y sobresaliendo de éste, el tercio posterior del perro.


-Debe ser aquí. Pensé muy hábilmente.

Entonces, como es costumbre, se acercaron un montón de lugareños, que me comentaron que el perro llevaba así desde ayer por la noche (¿Y por qué no nos avisaron antes? No lo sé). También me advirtieron que fuera con cuidado pues enseñaba los dientes e intentaba morder. "No me extraña pobre, ahí atrapado desde ayer..."

El dueño de la casa había llegado a la conclusión de que, al estar su perra en celo, el perro se había acercado a olisquear y había quedado atrapado.

Después de administrarle un poco de calmante, bozarlo y girarle un poco la cabeza con las manos conseguí sacarlo y llevarlo sano y salvo al Hospital.

Hoy a mediodía apareció su dueño y paso a recogerlo. Así que, final feliz :)

18 de abril de 2011

Estrés automovilístico

Hace unos días (antes de mi periodo vacacional que ayer concluyó, estando hoy de vuelta al trabajo y decidiéndome por fin a contar alguna historieta del trabajo) fui a un domicilio a recoger a una perra con sus cachorritos. La Policía informó que, según la propietaria de la casa donde se encontraba la perra, esta acababa de parir por tanto la acompañaban 4 cachorros recién nacidos.

Después de dar muchas vueltas por las usuales malas explicaciones que da la gente, llegué a la casa y la señora me condujo una especie de cuadra donde dijo tenía a los cachorros, ahí están, señaló. Yo eché un ojo y miré a los cachorros, luego miré a la señora,a los cachorros, y una vez más a la señora, al final esta dijo: "Bueno, igual ya tienen una semana o así" "Sí, o un mes" dije yo riéndome, mientras cogía los cachorros obviamente ya con los ojos abiertos, dientes y rechonchillos.

"Cazar" a la perra ya fue otro asunto, pues no le apatecía en absoluto venirse conmigo. Después de correr tras ella por todo el monte de los alrededores mientras se hacía de noche conseguimos subirla a la furgoneta. Ya dentro, se tumbó al fondo con  los cachorrillos muy tranquilamente por lo que, aunque la até, no me esforcé mucho y la dejé bastante larga para que pudiera llegar a ellos.

Durante el camino de vuelta conducía yo tranquilamente cuando la perra empezó a agobiarse ladrar y llorar, yo intenté tranquilizarla pera se estaba poniendo cada vez más nerviosa, hasta que, derrepente saltó sobre mí. (Se trataba de una perra de unos 30 kilos nerviosa y asustada). Casí me voy de la carretera del susto que me llevé, además se puso delante y apenas me dejaba ver. Como pudé la empujé hacia el asiento del copiloto, pero no contenta con la nueva posición empezó a morder como loca la palaca de cambios,  haciendome muy dificiles los cambios de marcha. Después de pasar varias veces por encima de mí se acomodó sobre el freno de mano mientras seguía mordiendo la palanca. Yo no podía parar en ninguna parte pues era una de esas carreteras bastante transitadas, ya casi en la ciudad y sin arcen, bordeada por un muro... 

"Hoy es el día de mi muerte".  Pensé, fiel a las enseñanzas de mi amiga M.M. que siempre que nos exponemos a una situación crítica o peligrosa comenta muy seriamente: "Chicas, hoy es el día de nuestra muerte". Que lástima pensé, en la flor de la vida, a un día de mis vacaciones y a tres de cumplir 26.

Finalmente, conduciendo a 20 por hora y con las luces de emergencia conseguí llegar sana y salva aunque muy estresada al Hospital.

14 de abril de 2011

La niña aburrida

Hoy, mientras paseaba con Rasta por un pequeño pueblo costero, vi a una niña en el jardín de una casa preciosa. Tenía todo lo que una niña podría querer, una piscina enorme con juguetes y flotadores. Un par de columpios de plástico. Un tobogán. Balones por todas partes, una portería. Una casetita monísima de esas para hacer churrasco, la hierba cuidadosamente cortada, y la casa... buf, la casa. Incluso tenía un perro, un dálmata que se puso como loco al ver a Rasta.

Pero la niña estaba sentada en la escalera del porche y parecía triste jugueteando con unas florecillas que tenía en las manos.

Hay que joderse, pensé, con todo este despliegue de diversión que tiene en su jardín y esta aburrida.

Entonces me dí cuenta, la niña tenía de todo para divertirse menos lo más importante, compañía. ¿De que sirve tener un montón de balones y juguetes si no tienes con quién compartirlos?

Entonces me acordé de mis días soleados en el campeiro. Teníamos una piscina de plástico de 2 metros como mucho que solo duró un verano pues durante el invierno la mordieron las ratas en la palleira. Un columpio enganchado de cualquier manera a un árbol, una hierba más bien descuidada, y una parrillita metálica para hacer churrasco. Teníamos el "agua de las lagartijas", así llamábamos a un antiguo lavadero lleno de renacuajos y demás bichería.  Pero éramos un montón de niños, mayormente primos y algún amig@, y que bien lo pasábamos, nuestro campeiro nos parecía el más bonito del mundo. Había una cabaña llena de leña y patatas. Un huerto y un gallinero. Ovejas y aveces, conejos. Cuando estos últimos se reproducían, nos moríamos por coger a las crías, pero no se podían tocar porque "Si no luego huelen a vosotros, su madre no los quiere y mueren" nos decían. Un carro antiguo. Y Heroi, mi primer perro, siempre acompañándonos. Había gatas que parían y escondían sus cachorritos para que no los molestásemos, y los encontrábamos un día, y al día siguiente ya los había cambiado su madre de sitio otra vez. Siempre había diversión, algo nuevo que construir (léase: Mi cabaña en el árbol), algún bichito que cazar (Caracoles de coloresRenacuajos) o algún juego que inventar. Si alguna vez llegábamos a sentarnos,  como la niña del porche, era para charlar o para contar historias de miedo. Nos molaba el asunto de "las historias de miedo" y lo pongo entre comillas porque aveces, al anochecer decíamos, "vamos a contar historias de miedo", pero en realidad nadie sabía ninguna, así que empezábamos a inventar historietas poniendo voz misteriosa y alumbrándonos el careto con una linterna, pero al final las historias acababan siendo más graciosas que tenebrosas y nos partíamos de risa.

Santi, Andrea, Anita, yo y Lucía ofuscada al fondo. Por algún motivo estaba enfadada y no quiso participar en la foto
Santi y yo en la piscina de plástico.
Se ve a David por detrás.

Santi, Lucía, Anita y yo.


Heroi, que gran perro fue.



12 de abril de 2011

Eugenio, mi nueva mascota

Hoy, día de mi 26 cumpleaños, mi nueva mascota, el erizo Eugenio ha llegado a mi vida.

Así reaccionó Nemo, pasmado y estupefacto ante el nuevo inquilino. ¿Cual será la reacción de Rasta cuando lo vea?

video


Que no os asuste al sosez y austeridad de la jaula, está todavía en construcción. Os enseñaré el resultado final.

7 de abril de 2011

La primavera trompetera ya llegó


Parece ser que este año la primavera viene acompañada del buen tiempo. Y con él la época de playa, sol y acampadas.

Que ganas de coger la furgoneta, conducir hasta cualquier parte, aparcar en una playa bonita y torrarme todo el fin de semana... Y comer en plan picnic, sacar el polvo al camping gas y a los sacos de dormir, quemarme cual camarón con los primeros rayos, andar descalza, ponerme la ropa bonita y fresca de verano, chapuzones nocturnos,  siestas a la sombra de un árbol, colgar la hamaca, desayunar mirando el mar... Conciertos, festivales, sol, sol, sol...

Este año al llegar el verano teníamos pensado tener preparada la furgoneta para este fin, pero al final, está como estaba y a este paso llegará el verano y seguirá igual. 

Mirando en Internet para sacar ideas me enamoré de esta que veis en la foto, algo así es lo que queremos. Y todo es ponerse, porque con lo mañoso que es D, si se pone en un fin de semana lo tiene. Y yo prometo colaborar aunque solo sea dando ánimos y haciendo compañía que es lo mio. Si fuera una chica mañosa podría dedicarme a hacer las cortinas y demás confección, pero incluyo la costura en el ámbito "tareas del hogar" que por norma evito dentro de lo posible. Tendré que pedirles ayuda con este tema a mi madre y/o abuela y D dirá: Pero que morro tienes. Y no lo niego, tengo un poco de morro.


6 de abril de 2011

Mornington Crescent


Allá por el año 1962, mis abuelos emigraron a Londres para ganarse la vida, dejando aquí a mi tía de 5 años, y a mi madre, todavía un bebé, al cuidado de sus tíos.

En Julio de 2008, durante mi viaje a Londres, me saqué esta foto, ante la casa dónde mis abuelos vivieron durante más de 10 años.

Mornington Crescent nº 28


 

2 de abril de 2011

ilustradas

Así nos ilustró hoy Ari (la hija de A) a Clara y a mi mientras dábamos el biberón a nuestros cachorrillos.




¡Nuestros pequeños ya intentan abrir los ojos! :)

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