26 de octubre de 2011

¿Mamá?

En el trabajo tenemos una amiga, una niña de 8 años. En verano bajaba a menudo a la clínica a charlar y jugar con Clara y conmigo. Ahora ya no porque tiene que ir al colegio, pero todos los días pasa por delante vestida con su uniforme, sonriente y saludando efusivamente con la mano. Es muy simpática y dicharachera. Una vez jugamos a la chapa en la acera, también nos hacía dibujos, intenté enseñarle a jugar a los ceros, pero pasó de todo porque no le pareció divertido, jugábamos al Veo veo, me pintó las uñas de color rosa chicle y contaba cosas de su vida y sus amigos. Una vez me contó lo terrible que había sido cuando se vino de Madrid a vivir aquí pues había tenido que dejar allí a su novio Ramón, del que estaba enamoradísima.

Un día charlábamos sentadas en la puerta de la clínica, creo que era sábado o domingo. Llevaba un rato diciéndole que pronto tendría que irse pues yo tenía cosas que hacer, asimismo, ella llevaba un rato diciendome "Cinco minutos más, porfa, porfa, porfa" Al final me tuve que plantar y le dije, "Ahora si que te tienes que ir, que tengo trabajo que hacer" mientras me levantaba. Entonces ella saltó se agarró muy fuerte cual mono a mis piernas y empezó a gritar: "¡No, no, no, Mamá, no me hagas esto! ¡No me abandones Mamá por favor, quiero estar contigo!

La gente que pasaba por la calle se giró a mirar a la madre abandonadora, y mientras me soltaban miradas de reproche yo estaba cada vez más y más roja y la niña seguía gritando. Finalmente después de inútiles intentos por hacerla callar y desenroscarmela de las piernas, lo dejó por si misma y me miró con una sonrisa maliciosa y triunfal.


18 de octubre de 2011

De dueños y pacientes

En la clínica diaria te encuentras con todo tipo de mascotas, pero también de dueños. Y es que es la gran incongruencia de la profesión, que en nuestro caso, el paciente no es el cliente. El cliente es el dueño, ya que es el que paga, y además es el que te explica la supuesta sintomatología de animal y las molestias que sufre. El paciente, simplemente se deja hacer sin poder decir donde le duele ni desde cuando. Probablemente, si pudiera decírtelo, su versión de los hechos no tendría mucho que ver con la que el dueño cuenta.

Pero no es de esto de lo que venía hablar, si no de los diferentes tipos de dueños que encuentras. Ya hablé en otra ocasión de la señora que le da café a su loro por las mañanas porque le encanta, y porque sino, no deja de insultarla. Una vez vino una señora mayor, con su perro, también anciano, que me contaba que lo que más le gustaba en el mundo al perro eran los Percebes. Y eso no es todo, sino que su comida de diario (los Percebes serán para ocasiones especiales) es la Ternera. "Pero no cualquier Ternera" me explicaba "Tiene que ser Ternera gallega, sino no la quiere".

Hay perros que duermen en cestitas acolchadas, y otros que duermen en cajas de fruta sucias cubiertas con un viejo saco de patatas. Hay  dueños que no sabrían vivir sin su perro, y hay otros que quieren deshacerse del suyo simplemente porque tiene pulgas.

Algunos dueños harían cualquier cosa por su perro, pero la mayoría de los perros harían cualquier cosa por su dueño. Hace poco, fui a casa de una chica joven que había encontrado un perro perdido o abandonado y quería saber si tenia microchip. Al ver que no lo tenía dijo que le gustaría adoptarlo, me dijo que le encantaban los perros, y que se sentía un poco en deuda con ellos pues su Rottweiler, que también andaba por allí, le había salvado la vida.

Pensé que me contaría la típica historia en la que se siente "salvada" por el perro pues en algún momento difícil de la vida el perro te da alegría, te obliga a salir a pasear, o te hace compañía cuando te sientes muy sola. Pero no. Me contó que una vez, le había dado una especie de ataque de ansiedad estando sola en casa, estaba muy agobiada, no podía respirar y acabó desmayándose. Cuando se despertó estaba en el jardín con el perro lamiéndole la cara.

Imaginarme al enorme Rottweiler, perro que entra dentro del grupo de los potencialmente peligrosos, dándose cuenta de que algo va mal y arrastrando cuidadosamente a la dueña inconsciente hasta el jardín, te hace sentir pena de aquellos que no saben lo que es convivir con un perro fiel, y piensan que tienen una inteligencia limitada, únicamente basada en el interés.

No sé como funciona su mente, de lo que si estoy segura es de que piensan, discurren y sacan conclusiones lógicas. Últimamente, Rasta está más pensativo y cariñoso de lo habitual. Cuando me tumbo cuan larga soy en el sofá, viene, se tumba encima todo estirado, y apoyando la cabeza sobre las patas se me queda mirando, no se duerme ni aparta la vista, me mira fijamente a los ojos, y yo me pregunto, ¿Que estará pensando?



Quizá piense "Maldita marmota, tanto rato ahí tirada sin hacer nada". Hay otra cosa que me hace sospechar de su capacidad para sacar conclusiones. En algún momento él se dió cuenta de que cuando se encuentra mal, está enfermo o le duele algo, recive más atención y mimos. Es sacar el jamón o el chorizo y se pone a toser como si estubiera al borde de la muerte. El cabrón, debe pensar que por aparentar estar enfermo le va a caer un  poco de fiambre. ¡Vas listo!

15 de octubre de 2011

Globos y Matasuegras

Ayer, mientras tomábamos algo al salir de trabajar, comentamos lo absurdo de esa nueva ley que dice que los niños menores de 14 años no pueden jugar con matasuegras ni con globos sin la supervisión de un adulto. Pa´ mear y no echar gota.

Quién sabe que tendrá de peligroso soplar un matasuegras o inflar un globo. Inevitablemente, nos pusimos a recordar como arriesgábamos nosotros la vida, sin supervisión adulta o con ella, ¡Que íbamos de viaje en coche sin sillita homologada para niños! 

Entonces, les expliqué un juego con el que pasábamos el rato algunos en mi pueblo. Consistía en tumbarse unos al lado de otros en la carretera y quedarnos allí hasta que viniera un coche. Verlo acercarse era el momento de máxima emoción y subida de adrenalina del juego. Consistía en aguantar sin moverse lo máximo posible, el ganador era el que más aguantase, el valiente que, con mucha sangre fría, permanecía tumbado hasta el último momento antes de apartase, con el coche casi rozándole.

Después de contarlo Juan soltó una carcajada y dijo: ¡Y yo pensando que jugaba con la muerte cuando nos tapábamos la nariz y jugábamos a ver quién aguantaba más sin respirar!





10 de octubre de 2011

Con Pinganillo y a lo loco

Onte á tardiña (como me gusta esta frase), mis amigas y yo recordabamos cual viejunas historietas del instituto. Cuando la historia que vengo a contar salió a la luz, le pregunté a la parte implicada si podía contarla aquí, y me dio permiso siempre y cuando no sacara su nombre a relucir. Como es una historia un tanto comprometida, no pondré ni siquiera la inicial.

Pues bien, era  Septiembre, yo ya no iba al instituto, estudiaba la carrera en Lugo, pero ella sí, y tenía examenes de recuperación.

Le tenía una manía especial a Historia, y, temía que esa asignatura le impidiese acabar por fin con el instituto. Y como situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas trazó un minucioso plan. Yo, no sé exactamente por qué, fui la elegida como compinche. La genial, aunque arriesgada artimaña, cosistía en lo siguiente:

Supongo que los examenes de Historia de Cou (Bueno vale, 2º de Bachiller) consisten más o menos en lo mismo en cualquier parte, ya que tratan de prepararte para la "temida" Selectividad. La cuestión es que tenías que desarrollar un único y larguísmo tema. Solo uno, así que te lo jugabas todo a una carta, si no sabías nada de ese asunto en concreto, Ciao Bambina. Pues bien, mi amiga realizó un arduo trabajo y preparó un resumen de todos y cada uno de los temas posibles, muy curiositos, claros y cada uno en folios independientes.

Aquí es donde entro yo, su complice, me entregó el fardo de temas, y me explicó que debería leerle el tema en cuestión mientras ella me escuchaba con un dispositivo en su oreja. (Vamos que llevaría el pinganillo del movil en la oreja y yo se lo tendría que  dictar).

Lo más escabroso del asunto era:

1- Ocultar el pinganillo. Para lo que, en un día soleado de Septiembre se puso un jersey  de invierno  de cuello vuelto. Además llevaba el pelo suelto para así ocultar el recorrido del cable desde el bolsillo a la oreja.

2- Comunicación Unilateral. Es decir, yo puedo hablar lo que me de la gana pero ella no puede decirme nada a mi.

Bien, yo me fui a un sitio tranquilo donde nadie me molestara y esparcí los folios para encontrar lo más rápido posible el que ella me pidiera. Ella entró en el examen, con el pinganillo en la oreja, y yo ya en el otro lado de la línea. Les entregaron los examenes y en el barullo inicial, entre que la gente se sienta, saca las cosas, acaban de repartir y se explica de que va el examen ella aprovechó para decirme el título del tema.

Una vez localizado el folio, empecé, muy lentamente y con claridad a dictárselo. Ella ya no podía hablarme, pero habíamos concretado que si iba demasiado rápido o necesitaba que le repitiera rascaría el interfono o como se diga, para hacermelo saber. 

"En abril de 1823 -deletreo Uno, Ocho, Dos, Tres-, tropas francesas mandadas por el duque de Angulema -repito, Angulema-, sobrino de Luis XVIII -Luis 18, aclaro, Equis, Uve, Palito, Palito, Palito-, atravesaron la frontera española con la intención de derrocar el régimen liberal y reponer a Fernando VII -Luis Séptimo, es decir, Uve, Palito, Palito- en su “soberanía absoluta”.

Y ya está. 

Parece sencillo visto desde fuera, pero no creo que lo fuera para la que está sentada en medio de un examen, en una clase silenciosa, temiendo no ser la única que me oiga y, sobretodo,  jugándosela con la última asignatura del instituto.

Al acabar salió como loca de felicidad, y por supuesto aprobó y con nota.

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