20 de noviembre de 2012

Punky y Veloz

Ayer, mi primo Esteban vino a ver a Sabela. Poco después llegó también mi madre y mientras tomábamos un café mi primo preguntó: "¿Que fue de vuestras tortugas?" "Es una buena pregunta, porque la de nuestras tortugas fue una historia muy singular." Le dije. (Al acabar de contársela el mismo me sugirió compartirla en el blog)

Cuando era niña, me encapriché con tener un par de tortugas. Por suerte, mis benévolos padres solían complacerme en lo que a bichería se refiere, probablemente porque también fueron siempre amantes de los animales.

El caso es que un par de tortugas pequeñitas pequeñitas llegaron a nuestras vidas y a nuestra familia, compuesta entonces por unos padres, dos niños y un perro. Las bauticé como Punky (algunos recodareis mi afición por el personaje televisivo "Punky Brewster") y Veloz. 

Las pequeñas tortugas empezaron a crecer y crecer rápidamente (los animales siempre se dieron muy bien en mi casa) pues les dábamos todo lo que se nos ocurría, desde salchichas a pulgas de playa. Si, pasábamos las tardes playeras llenando botes de saltarinas pulgas, al llegar a casa se las echábamos a las tortugas, y mirábamos fascinados como las perseguían por toda la pecera con la boca abierta. Una vez incluso se comieron una rana. Aunque yo la puse en la pecera no como alimento, ilusa de mi, sino para que convivieran en armonía, pero cuando volví no había ni rastro de la rana (la pecera tenía tapa), y me pregunté durante mucho tiempo como era posible que las torpes tortugas se hubieran montado, en tan poco tiempo, un banquete con la pobre ranita.

En unos años, crecieron tanto que no había pecera que les diera cabida, así que mi padre decidió que era momento de que empezaran a vivir al aire libre. Acondicionó un antiguo pío (Término gallego que se refiere a un pilón o abrevadero para vacas), dejando una parte con agua, y un acceso a una planta superior con tierra y vegetación dónde tomar el sol o (aún no habíamos perdido la  esperanza) enterrar los huevos. Un paraíso tortuguil, vaya. Después de observarlas durante largo tiempo, nos dimos cuenta de que las tortugas no son animales tan simples mentalmente como parece, pues descubrieron que si una se ponía contra la pared en una esquina y la otra se subía encima podían escapar. Flipante. Por lo que mi mañoso progenitor cubrió la parte superior con un enrejado.

Pero no contó con el mayor de los depredadores, el ser humano. Mi primo Juan que por entonces tendría 5 o 6 años, se quedó chafadísimo al descubrir que ya no podía echarles mano a las tortugas para jugar con ellas. Discurrió y discurrió hasta que fue capaz de levantar la reja lo suficiente para meter la mano... Pero también para que las tortugas pudieran salir. Punky, la más grande, ágil e inteligente (la hembra, cómo no) logró fugarse.

Meses después, en un circulo de amigos hablaba de mi disgusto ante la pérdida de mi mascota cuando alguien comentó: "¿Cómo? ¿Perdiste una tortuga? ¡En la tele de As Pontes hay un anuncio de que se encontró una!

Al llegar a casa puse ansiosa el ZocoEume (La programación de la televisión local de mi pueblo es bastante sencilla, consta solo de un informativo nocturno, y el resto del día pasan anuncios de "Se compra" "Se vende "  "Se busca" en el llamado Zoco Eume), y allí estaba. Se ha encontrado tortuga en la calle ... Interesados pónganse en contacto con la Clínica Veterinaria ... 

Anuncio surrealista dónde los haya.

¡Tenía que ser la mía! ¿Cuanta gente pierde una tortuga que acaba vagando por la calle?

Raudo y veloz mi padre fue a la Clínica Veterinaria, dónde le explicaron que un vecino había encontrado la tortuga paseando por la acera de enfrente a mi casa (¡Así que además había cruzado la carretera!) y un buen trecho más abajo. Imaginaos la sorpresa de dicho vecino al encontrar la enorme tortuga arrastrándose por la acera. Pero desgraciadamente, alguien había ido a la Clínica Veterinaria interesado en la tortuga viajera, y cómo sus legítimos dueños no habían dado señales de vida, se la dieron.

Mi padre, no satisfecho con su investigación, descubrió de quién se trataba y se puso en contacto con él para descubrir que, efectivamente, había llevado la tortuga para su finca pero... ¡Mi ágil e inteligente Punky había logrado escapar de nuevo!


¿Y que fue de Veloz? Poco después desapareció también. ¿Como pudo escapar siendo más pequeña y sin compañera sobre la que subir? Misterios de la vida. Lo más probable es que Juan se haya guardado la respuesta.

3 ladridos:

Bergeronnette dijo...

Menuda historia!! Estoy alucinando con tus tortugas, yo pensaba que entre lo lentas que son, y lo torponas que se mueven, su vida debe ser aburrida, pero se ve, que eran excursionistas.

Ser Educadora - BRT dijo...

Es una historia genial, de esas que debes contarle a tu hija cuando sea pequeña porque contando con su universo mágico (que solo da la más tierna edad, hasta los 6 años más o menos) seguro que quedará fascinada....
Yo me he quedado fascinada y ya he pasado los 6 años hace mucho tiempo!!

SerPadres.es dijo...

¡Nos encanta la historia! Queremos aprovechar para darte las gracias por participar en nuestro concurso de mamás blogueras, MamiBlog, avisar a otras mamibloggers que te siguen de que también están a tiempo de participar :) y animar a tus lectores a votarte en el concurso cuando llegue el momento. ¡Suerte y tortugas!

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