21 de enero de 2012

Heroi. Primera parte

Mi primer perro se llamaba Heroi, cuando llegó yo tendría 8 años, su anterior dueño nos lo dio (como todos nuestros perros) porque no podía  hacerse cargo de él. Era un Schnauzer mediano, por aquel entonces aun raza desconocida en mi pueblo, y la gente me decía que tenía un chucho muy feo, aunque en realidad tenía muchísima más clase que Rasta y que muchos otros perros de raza y un legítimo pedigree.



Heroi


Todos dicen que su perro es el más inteligente, pero Heroi era un perro realmente increíble. El iba a su rollo, no era un perro sumiso de los que ante una orden se sientan y te dan la pata. Vivía medio en casa, medio a su rollo suelto en el campeiro, y campaba a sus anchas por el pueblo, la gente lo conocía, aunque tampoco era de esos que se acercaban a recibir mimos y carantoñas, como ya dije, iba a su rollo. Pero era el perro más fiel del mundo.

No es que lo tuviéramos suelto a su suerte. Llevaba una vida muy diferente a Rasta, que vive en un piso, sale a pasear y se preocupa de poco más. Heroi era autosuficiente, no tenías que preocuparte de que pudiera atropellarle un coche, porque miraba para cruzar. Hacía lo que le daba la gana, paseaba cuanto quería y cuando tenía hambre volvía, y si quería dormir en casa soltaba un par de ladridos en la puerta. Puede que alguna gente que tiene sus perros en "modo ciudad" no entienda esta clase de existencia perruna, pero creo que, si los perros pudieran elegir, esta clase de vida sería la que escogerían. Aunque no todos los perros valen para esto, si dejara a Rasta a su libre albedrío no dudaría ni dos días, probablemente no volvería a verle el pelo.

Dos anécdotas, entre muchas, demuestran la clase de fidelidad a la que me refiero. Como ya dije, Heroi iba a dónde quería y cuando quería. Un día, estaba yo en el colegio, la profesora hablaba y nosotros la mirábamos, algunos atendiendo, otros pensando en sus cosas. Ya llevábamos en clase un buen rato cuando, por la puerta abierta entró Heroi. La profesora se quedó boquiabierta, yo me puse roja como un tomate y los compañeros empezaron a gritar emocionados: ¡Heroi, Heroi! ¡El perro de Iria!

La profesora me miró entre sorprendida y divertida y me dijo: Anda Iria, ve a casa a llevar al perro.

Yo, todavía avergonzada, salí por la puerta, y el perro me siguió feliz, no usábamos correa.

Bajando por las escaleras me crucé con otra profesora que dijo: Iria, en este colegio no se permiten perros. Nos ha jodido, y yo sin saberlo :P

Otro día, estábamos mi hermano y yo sentados en la iglesia con mi abuelo. Hacía rato que nos  aburríamos, yo por lo menos, cuando Heroi entró y recorrió,  caminado tranquilamente (no solía correr desaforado como hace Rasta), el pasillo central, mirando con calma a un lado y a otro, buscándonos supongo, hasta llegar al altar, una vez allí echó un vistazo a la congregación. Yo me encogí en el banco avergonzada, a los compañeros del colegio el perro les hace gracia, a los feligreses  devotos no. El perro, después de mirar al gentío desde lo alto (Imaginaos a un perro, posando elegantemente en un altar, en medio de la misa) y no encontrando el objetivo de su búsqueda, bajó del púlpito y tranquilamente salió.

(El resto de anécdotas me las guardo para mañana)


17 de enero de 2012

De privaciones

Es bien sabido por todos que la gente adorna las historias y cuenta solo lo que le parece, haciendo que su vida parezca idílica.

Llevo toda la vida oyendo hablar a mujeres sobre su embarazo y, sobre todo últimamente, leyendo sus experiencias en diversos blogs, y he llegado a la conclusión de que la gente cuenta lo que le da la gana, haciendo que todo parezca un camino de rosas y callándose los pormenores más molestos del asunto.

Y no digo que estar embarazada no sea genial, pensar que tienes un pequeño dentro, creciendo y moviéndose es flipante. Lo que me tiene frita es de todo lo que te tienes que privar.

Sabía que tendría que dejar de fumar, y así lo hice, desde el primer momento y "prácticamente" sin rechistar.

Incluso estoy empezando a superar lo de bajar a tomar algo y no pedir una caña o un vino, sino un mosto o un zumo. No es fácil cambiar el chip, que diferente la tapita sin la caña. Pero estoy consiguiendo adaptarme, después de la confusión inicial, cuando el camarero te pregunta "¿Que vas a tomar?" y te quedas en blanco pensando ¿Que se pide cuando no se pide una caña?

Es más si por D fuera, ni siquiera bebería Coca-cola o café. Sin café, lo que me faltaba. Y es que D se ha tomado muy en serio su papel de padre y se comporta como un Pepito Grillo toca-huevos, indicando lo que puedo o no puedo tomar. Si estamos en un bar y pido Coca-Cola, siempre tiene que añadir  "Sin cafeína" o cuando pido café comentar "¿No sería mejor descafeinado?" Ggggggg

Pero se lo perdono, porque se está portando genial y me trata como a una reina, aunque yo tenga arranques de malhumor (serán las hormonas) y caprichos absurdos. Como querer tortitas con chocolate a las 2 de la madrugada. Y el me las hace.

Lo que peor llevo sin duda es lo del fiambre. Y es que resulta que soy Toxoplasma Negativo. La toxoplasmosis es una enfermedad producida por un parásito que se coge al comer carne no suficientemente cocinada, frutas y verduras mal lavadas o a través de heces de gatos infectados, entre otras cosas. Si te infectas en cualquier momento de tu vida, no suele pasar nada, eso si, te vuelves inmune de porvida y no tienes riesgo durante el embarazo. Pero si lo coges por primera vez estando embarazada, puede ser muy peligroso.

En definitiva, no puedo comer ni jamón ni nungún embutido no elaborado. La carne tiene que estar muy pasada... ¡Y nada de chorizo! Con lo que a mi me gusta... Hoy en el Supermercado pasábamos por el pasillo del chorizo y se me caía la babilla. ¡Que bien huele! ¿Como voy a aguantar tanto tiempo sin jamón ni chorizo?

16 de enero de 2012

El cuter y los sofás

Tendríamos 4 o 5 años. Mi amiga Noia, que recordareis de otras aventuras como Clavos Oxidados, había venido a jugar a casa. Mi madre nos dejó, aparentemente tranquilas, sentadas en el sofá viendo la tele. Una vez solas, Noia sacó algo del bolsillo, sonreía triunfal y emocionada, como si se tratara de un precioso botín.

- ¿Qué es?-pregunté yo inocente.

- Un cuter -respondió ella, y como una experta, deslizó el dedo por el botón, sacando la cuchilla.

- Uau -exclamé yo sorprendida -¿Y para qué vale?

- Para cotar -explicó ella -pero corta mucho, mira.

Y a modo de demostración pasó la cuchilla por el brazo del sofá (que era de ese material del que solían ser los sofás, una especie de cuero delgado) haciendo una raja perfecta por la que inmediatamente salió la espuma que lo rellenaba.

- ¡¡Déjamelo, déjamelo, me toca a mi!! -pedí yo emocionada, y seguí rajando sofás, sin pensar por un momento que estuviera haciendo nada malo.

Seguimos turnándonos, haciendo todo tipo de cortes hasta q al final todo estaba lleno de espuma.

No recuerdo la cara de mi madre cuando al entrar se encontró con semejante panorama. Extraña memoria selectiva, que siempre me permite recordar las travesuras pero no las consecuentes broncas. Según cuenta, mi madre espero a que Noia no estuviera, santa paciencia, para poner el grito en el cielo. Pero yo debí contárselo a mi amiga con pelos y señales, porque pasó mucho tiempo hasta que se atrevió a volver a mi casa, y recuerdo que de vez en cuando me preguntaba ¿Siguen tus padres enfadados?

7 de enero de 2012

¡Sorpresa!

¡He vuelto! Y no para dar la chapa con ningún premio ni concurso como venía haciendo últimamente, sino para contar la novedad que me ha mantenido algo ausente del mundo blogero durante los últimos meses. Y es que... ¡Estoy embarazada!

Y feliz como una perdiz :)

Toda mi vida dije que me gustaría ser madre antes de los 30. Y creo que es porque el hecho de que mi madre fuera joven cuando me tuvo hace que tenga una relación genial con ella, me gusta como se divertía con nosotros de pequeños, como se inventaba juegos y canciones, como bailábamos o corríamos con ella, cuanta energía tenía. No digo que una madre mayor no pueda jugar ni disfrutar con sus hijos, pero creo que la actitud es algo diferente, ella se divertía y reía como una niña.

La manera en que mis padres me criaron es la misma de la que me gustaría criar a mi hijo/a, un hogar lleno de cariño, risas, alegría y buen rollo.

Prometo que mi blog no se convertirá en el típico, "Blog de una Madre", "Voy a ser Mamá", "Diario de un embarazo" ni nada por estilo, no digo que me disgusten esa clase Blogs, de  hecho yo he leído algunos para informarme y leer la vivencias de otras en mi situación, pero reconozco que para la mayoría de lectores, no interesados en el asunto, resultaría un muermo total.

Supongo que hablaré del embarazo, al fin y al cabo es mi día a día lo que cuento en el Blog, pero no pienso hablar sobre síntomas típicos, nauseas o mareos, cuanto a crecido mi barriga, ni comentar cuantos centímetros mide mi bebé ni en que fase del desarrollo está. Me niego, hay muchos libros sobre el día a día del embarazo, y no creo que eso le interese a nadie que no esté en mi misma situación.

La gente se muestra sorprendida e ilusionada cuando se lo cuento, pero se que muchos pensarán que menuda locura. Yo acepto cualquier opinión, aunque no creo que sea ninguna locura. Es posible que a la gente le parezca algo joven, dada la edad actual a la que la gente se dispone a tener hijos. Yo acabé la carrera con 24 años y llevo trabajando casi 2 años, por tanto me parece que es tan buen momento como cualquier otro en el futuro. Cierto es que nunca se sabe como van a estar las cosas dentro de un año, pero cuando tenga 30 o 35, que es la edad a la que la gente se lo plantea, probablemente tampoco tendré garantías sobre mi futuro y, quien sabe, alomejor estoy en una situación peor que ahora.

Lo que sí me molesta, es la opinión, practicamente generalizada de que, dadas las circunstancias, tendría que deshacerme del perro. Ese si que me parece un comentario absurdo y ofensivo. La gente está pirada. Sugieren que lo sacrifiqué o lo de en adopción. Me enfada solo escribirlo. Se supone que para ser madre debo ser madura y responsable, pero la gente sugiere que empiece esta etapa deshaciéndome de Rasta, que es MI responsabilidad, una vida que depende de nosotros, y que nosotros decidimos acoger y cuidar durante toda su vida. Menuda responsabilidad demostraría escurriendo el bulto a la primera de cambio. Pobriño mío, con lo bien que se porta últimamente, que no me quita ojo de encima...¿Sabrá que tengo un pequeñajo dentro?

Por cierto, últimamente lo está pasando un poco mal, porque el Mastín abusón de un Punky que vive aquí al lado en la explanada, le está haciendo la vida imposible. Pero bueno, ya lo cuento mañana.





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