27 de abril de 2012

¿Señora?

El otro día volvía de casa de mis padres, lugar del que nunca vuelvo con las manos vacías, cargando con una bolsa en cada mano. En una llevaba ropita para la nena que me había regalado mi madre y en otra un tupper con caldo para la cena. Llovía y yo iba encapuchada ya que, para variar, no había llevado paraguas. Aunque me había puesto la capucha y abrochado la parte superior del abrigo llevaba la barriga al descubierto pues la mayoría de los abrigos ya no me cierran.

Así caminaba hacía mi casa cuando me crucé con una chavalita de unos 20 años, aunque no aparentaba mucha menos edad que yo que, con pinta de agobiada, cruzó desde la acera opuesta para dirigirse a mí:

-¡Señora, señora! - Miré a mi alrededor. ¿Dónde esta la señora a la que se dirige? Yo no veo ninguna.

De repente, una sensación de pánico al darme cuenta de lo que realmente esta pasando. ¡La señora soy yo!

¿Es posible que el embarazo me haya transformando de una chiquilla pecosa que aunque tiene 27 aparenta poco más de 20 a una SEÑORA? Esto si que no lo veía venir.

¿Una señora? ¿De las que sacan sus sillas la acera y organizan su propio Salvame Deluxe? ¿De las que se cruzan la bata cada vez que van a decir algo importante? ¿De las que quedan para "ir a andar"?

¡Madre del amor hermoso, esto es el fin! ¿Seré de las que no se enterán de nada pero quedan para jugar al bingo con cuatro cartones? ¿De las que cantan en la iglesia a grito pelado y responden "Si Dios quiere" cuando dices "Hasta mañana?

Dónde quedó aquello de: ¿Esta es la Veterinaria? ¡Pero si parece que tiene 15 años!

Es difícil asumir que así, de la mañana a la noche, una chica 5 o 6 años más joven que yo me considere una señora. El caso es que la muchacha se acercó a mí y, mientras guardaba su móvil rosa fosforito en el bolsillo me preguntó:

- Señora, ¿necesita que le ayude?.

Me dejó sorprendidísima, ¡Que amabilidad! Para que luego digan que la juventud está echada a perder.

-No, no. No hace falta - respondí yo a la vez que flexionaba los codos arriba y abajo para demostrar que las bolsas eran ligeras - No pesan.

-Pero si quiere le ayudo, no puede cargar peso - Insistió ella.

- No hace falta - Repetí yo - Si vivo ahí - dije señalando mi edificio.

Al final desistió, como frustrada por no poder ayudarme. Yo le dí las gracias sonriente y seguí mi camino, pensando en tan extraño giro de las circunstancias.


18 de abril de 2012

Test de Sullivan

Ayer fui a hacer el famoso test de Sullivan que se hace a las embarazadas entre la semana 24 y 28 de gestación. Es un poco rollo, pero vamos, supongo que nada comparado con echar una niña al mundo.

Para los que no tengan ni idea de que va el asunto, como yo misma hace un par de días, es una prueba que sirve para detectar la diabetes gestacional. El exceso de azúcar podría tener consecuencias importantes si no es detectado a tiempo.

El asunto es que llegas allí, te sacan sangre, te mandan beber una solución de glucosa de 50 gr. y después tienes que esperar allí sentada una hora entera, entonces te vuelven a sacar sangre y listo. Bueno, esto si todo va bien, si los resultados fueran preocupantes te mandarían volver para hacer muchas más mediciones y sacarte más y más sangre, afortunadamente no fue mi caso.

Normalmente no me supone mucho problema el sacarme sangre. De hecho en el corto periodo de tiempo en el que llegué a pesar los 50 kilos requeridos doné sangre un par de veces o tres sin mayor problema. Luego los ilusorios 50 volvieron a los originales 40 y pico y ya no pude volver a donar nunca jamás. Bueno el caso es que el hecho de sacarme sangre en si, no es problema.

Pero algunas veces a lo largo de mi vida, y más últimamente, parece que no resulta nada fácil sacármela, y por mucho que me haga la dura, cuando tienen que pincharte mil veces para conseguir un poquito de sangre, acabas desesperándote.

La última vez que me sacaron sangre para la analítica del primer trimestre, tuvieron que pincharme en un brazo, viendo que no había manera lo intentaron en el otro y tampoco. Sacan la aguja, lo vuelven a intentar, ni gota, la mueven para un lado, para otro, arriba abajo, la aprietan... Y aunque el pinchazo en sí no es nada, tanto movimiento de aguja molesta un montón. El caso es que al final tuvieron que sacármela en la mano.

Pues ayer más de lo mismo. Yo miraba esperanzada el primer pinchazo a ver si afortunadamente veía salir el chorrito de sangre. Nada. Y ya estamos otra vez aguja a un lado a otro, más superficial o hacia abajo, sacamos y volvemos a probar, aprieta la mano, afloja ahora, un calor terrible, en ayunas, yo mirando agobiada como no salía ni una gota, y al final acabé mareándome.

Me llevaron a una camilla y finalmente acabaron sacándomela en la mano como yo había sugerido al principio. La señora me dijo que solía ser reticente a hacerlo en la mano, porque duele mucho más, pero vamos, ¡que prefiero un pinchazo doloroso en la mano que mil intentos fallidos en el brazo!

Y yo que pensaba que sacarle sangre a la gente debía ser fácil, que no tienen pelo y se están quietecitos... Sacársela a un perro revoltoso ¡O a un gato! Eso si que es misión imposible.

Al final obtuvimos la preciada sangre y una vez repuesta me mandaron beber el liquidito. La gente es muy exagerada, me habían comentado que era un asco, que sabía fatal y daba nauseas, pero la verdad es que sabe parecido a las bebidas energéticas. Y después una hora esperando sentada en una silla. Y pensando que otra vez tenían que sacarme sangre y lo que iba a costar.

Pero que va, la segunda vez me atendió una enfermera que, muy certera, me sacó sangre en el brazo y al primer pinchazo. Así hasta da gusto sacar sangre.

Y eso es todo, a parte de mis escurridizas venas todo va muy bien. Tengo una barriga enorme y un ombligo para fuera. Que cosas. Y cada vez tengo más claro que, como mínimo en gustos, esta niña se parece a D ya que, además de no gustarme el queso, ahora me apetecen helados a todas horas.

Rasta está muy cariñoso conmigo, no sé si se olerá algo. Desde que no trabajo y estoy todo el día con él somos más inseparables que nunca. Dormimos juntos un montón de horas mientras D trabaja y damos largos paseos. Tanto se está amoldando a mí que hasta engordamos a la par. Hoy como llueve tanto fui a ponerle su chubasquero rojo para ir a pasear y resulta que el velcro de la barriga no le abrocha. Igualito que yo con mis antiguos pantalones. Antes apoyó la cabecita sobre mi barriga mientras veíamos la tele y la niña se puso a dar patadas como loca, pero creo que él no se dio ni cuenta.

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