30 de noviembre de 2012

Grandes logros de la humanidad. Primera Parte


Cuando no era madre, consideraba los tampones y las lentillas las dos grandes obras de arte del ser humano. Esto puede parecer algo frívolo, ya que ninguno de los dos son indispensables para mi supervivencia personal pero oye, me hacen más agradable el día a día. 

Ni que decir tiene la indiscutible utilidad de los primeros, no me imagino viviendo en la antigüedad (entiéndase como antigüedad toda época anterior a la revolución de los Tampax) y tener que prescindir de según que cosas en determinados días del mes, como ir a la playa, bañarme en la piscina, o incluso adecuar mi ropa a tan delicado periodo. Y todo esto por no hablar de higiene y comodidad, no hay porque entrar en temas tan escatologicos. 

Y en lo que a lentillas se refiere, las considero indispensables, y no porque tenga ningún problema con las gafas, que no lo tengo, de hecho me parecen monísimas y dan un aspecto la mar de interesante, pero a mi personalmente me resultan muy incómodas, me marean, se ensucian constantemente, me molestan en la nariz, se empañan, se caen y tu ángulo visual se limita bastante. Y en lo que a comodidad se refiere soy muy tajante, que no me pondría unos zapatos de tacón aunque ("Dios" no lo quiera) me invitase a cenar la mismísima reina o acudiera como tertuliana a Sálvame Deluxe.

Me parece terriblemente injusto que todos sepamos quién inventó la bombilla o quien fue el descubridor de la penicilina y en cambio desconozcamos el origen de estas dos genialidades.

A lo que iba, desde que soy madre estoy descubriendo un sinfín de utensilios que me hacen la vida mucho más fácil. Y eso que en lo referente a bebés y crianza soy bastante tradicional ( Léase: Lactancia Natural, Colecho y Porteo), pero hay modernidades cuya utilidad es innegable.

La primera de ellas, regalo de mi tía Coché, es la cámara Vigila-bebés. Los anteriores "Walky Talkyes" que sólo transmitían sonidos serían útiles, pero lo de la cámara ya es el "novamás". Si Sabela duerme, juega o se balancea tranquilamente en su hamaca, enchufo la cámara y puedo hacer lo que quiera en cualquier parte de la casa y tenerla perfectamente controlada. Que una cuando es madre se vuelve muy loca, y no es suficiente  con saber que no llora, si no que necesito saber que cara pone, si parece incómoda, si está en buena posición o si respira de forma regular. Es lo que tiene la maternidad, que trastoca hasta a la más tranquila.



20 de noviembre de 2012

Punky y Veloz

Ayer, mi primo Esteban vino a ver a Sabela. Poco después llegó también mi madre y mientras tomábamos un café mi primo preguntó: "¿Que fue de vuestras tortugas?" "Es una buena pregunta, porque la de nuestras tortugas fue una historia muy singular." Le dije. (Al acabar de contársela el mismo me sugirió compartirla en el blog)

Cuando era niña, me encapriché con tener un par de tortugas. Por suerte, mis benévolos padres solían complacerme en lo que a bichería se refiere, probablemente porque también fueron siempre amantes de los animales.

El caso es que un par de tortugas pequeñitas pequeñitas llegaron a nuestras vidas y a nuestra familia, compuesta entonces por unos padres, dos niños y un perro. Las bauticé como Punky (algunos recodareis mi afición por el personaje televisivo "Punky Brewster") y Veloz. 

Las pequeñas tortugas empezaron a crecer y crecer rápidamente (los animales siempre se dieron muy bien en mi casa) pues les dábamos todo lo que se nos ocurría, desde salchichas a pulgas de playa. Si, pasábamos las tardes playeras llenando botes de saltarinas pulgas, al llegar a casa se las echábamos a las tortugas, y mirábamos fascinados como las perseguían por toda la pecera con la boca abierta. Una vez incluso se comieron una rana. Aunque yo la puse en la pecera no como alimento, ilusa de mi, sino para que convivieran en armonía, pero cuando volví no había ni rastro de la rana (la pecera tenía tapa), y me pregunté durante mucho tiempo como era posible que las torpes tortugas se hubieran montado, en tan poco tiempo, un banquete con la pobre ranita.

En unos años, crecieron tanto que no había pecera que les diera cabida, así que mi padre decidió que era momento de que empezaran a vivir al aire libre. Acondicionó un antiguo pío (Término gallego que se refiere a un pilón o abrevadero para vacas), dejando una parte con agua, y un acceso a una planta superior con tierra y vegetación dónde tomar el sol o (aún no habíamos perdido la  esperanza) enterrar los huevos. Un paraíso tortuguil, vaya. Después de observarlas durante largo tiempo, nos dimos cuenta de que las tortugas no son animales tan simples mentalmente como parece, pues descubrieron que si una se ponía contra la pared en una esquina y la otra se subía encima podían escapar. Flipante. Por lo que mi mañoso progenitor cubrió la parte superior con un enrejado.

Pero no contó con el mayor de los depredadores, el ser humano. Mi primo Juan que por entonces tendría 5 o 6 años, se quedó chafadísimo al descubrir que ya no podía echarles mano a las tortugas para jugar con ellas. Discurrió y discurrió hasta que fue capaz de levantar la reja lo suficiente para meter la mano... Pero también para que las tortugas pudieran salir. Punky, la más grande, ágil e inteligente (la hembra, cómo no) logró fugarse.

Meses después, en un circulo de amigos hablaba de mi disgusto ante la pérdida de mi mascota cuando alguien comentó: "¿Cómo? ¿Perdiste una tortuga? ¡En la tele de As Pontes hay un anuncio de que se encontró una!

Al llegar a casa puse ansiosa el ZocoEume (La programación de la televisión local de mi pueblo es bastante sencilla, consta solo de un informativo nocturno, y el resto del día pasan anuncios de "Se compra" "Se vende "  "Se busca" en el llamado Zoco Eume), y allí estaba. Se ha encontrado tortuga en la calle ... Interesados pónganse en contacto con la Clínica Veterinaria ... 

Anuncio surrealista dónde los haya.

¡Tenía que ser la mía! ¿Cuanta gente pierde una tortuga que acaba vagando por la calle?

Raudo y veloz mi padre fue a la Clínica Veterinaria, dónde le explicaron que un vecino había encontrado la tortuga paseando por la acera de enfrente a mi casa (¡Así que además había cruzado la carretera!) y un buen trecho más abajo. Imaginaos la sorpresa de dicho vecino al encontrar la enorme tortuga arrastrándose por la acera. Pero desgraciadamente, alguien había ido a la Clínica Veterinaria interesado en la tortuga viajera, y cómo sus legítimos dueños no habían dado señales de vida, se la dieron.

Mi padre, no satisfecho con su investigación, descubrió de quién se trataba y se puso en contacto con él para descubrir que, efectivamente, había llevado la tortuga para su finca pero... ¡Mi ágil e inteligente Punky había logrado escapar de nuevo!


¿Y que fue de Veloz? Poco después desapareció también. ¿Como pudo escapar siendo más pequeña y sin compañera sobre la que subir? Misterios de la vida. Lo más probable es que Juan se haya guardado la respuesta.

13 de noviembre de 2012

Risas y sonrisas




Sabela ya sabe reír, pero reír de verdad, a carcajadas, y es el sonido más bonito del mundo.

Sonreír sonríe desde el primer día. Supongo que al principio sin saber lo que hacía, simplemente tratando de imitarme. Luego empezó a sonreír a todo el mundo, dejando perplejos a conocidos y desconocidos al ver una bebé tan pequeña y tan risueña.

Pero la semana pasada, justo al cumplir 3 meses, estalló en carcajadas. Aunque desgraciadamente estas se las guarda para ocasiones especiales, y aunque sigue soriendo a diestro y siniestro, no produce sonido alguno.

Y eso que le hago todo tipo de tonterías, a veces me recuerdo a Rachel en Friends, a quien no quedó más remedio que rapear para conseguir una carcajada de  su pequeña. Y si hay que rapear se rapea, pero ni así.


La primera vez fue muy sencillo, bastó con estornudar. Estornudé tres veces, y este Achís, achís, achís provocó la primera carcajada que me dejó emocionada, pero desde entonces no hay manera.

11 de noviembre de 2012

De colores



Ayer, Anabel, con la que conviví en Lugo junto con Clara y Belén (y que recordareis de otras historias cómo Hablar por hablar) cuando éramos estudiantes unas de Veterinaria, otra de Enfermería, vino ayer a conocer a Sabela y me trajo un regalo cargado de cariño y que, aunque una es muy seca a la hora de demostrar sentimientos, me emociono mucho. Si fuera de las que lloran, habría llorado seguro. Porque el librito con forma de rana y hecho por ella, ponía lo siguiente:

A Iria,

ahora que es mamá.

Cuando me acuerdo de ti...

Te recuerdo como una explosión de colores. Te recuerdo siempre risueña. Recuerdo perfectamente cómo suenas cuando estallas a carcajadas. Recuerdo tus trenzas rojizas, tus ojos inquietos y dulces. Te recuerdo acurrucada en el sofá, durmiendo a media mañana, bailando con los brazos en alto, o concentrada en largas tardes de estudio. Te recuerdo queriendo descongelar el pollo en el alféizar de la ventana.

Siempre te recuerdo hablando bien de la gente, contando historias de lo mucho que quieres a tus amigas, a tu hermano y a tus padres. Te recuerdo paseando a Nemo, recordando a Heroi. Recuerdo el bebé que eras, redondo y regordete, en las fotos de la infancia que pegamos en el salón. Cuando leo tus peripecias y extravagancias a veces me emociono pensando en la mujer en la que te has convertido.

Siempre te recuerdo como si fueses luz, con cariño y con respeto.

Sabela aún no lo sabe, pero seguro que ya lo intuye...

Tiene mucha, mucha suerte de tener una mamá de colores.


Gracias Anabel, por hacerme sentir tan especial.

1 de noviembre de 2012

De concursos


A D le encanta participar en todo tipo de concursos en los que dependes únicamente de la suerte. Juega regularmente al euromillon, levanta tapas, recorta etiquetas y arranca pegatinas de todo tipo de productos buscando un viaje a la Patagonia, un sueldo Nescafé o un premio millonario que nos permita dejar de trabajar e ir a torrarnos bajo el sol caribeño sin mayor preocupación que embadurnar a la niña de crema protectora antes de dejarla correr por la arena como "Dios" (Más bien yo, después de más de 24 horas de parto)  la trajo al mundo.

Yo en cambio nunca fui muy de ilusionarme con nada que dependa únicamente del azar, aunque he de decir que la suerte suele acompañarme. Prefiero participar en concursos que requieren algún tipo de habilidad y esfuerzo por mi parte en los que la victoria depende únicamente de mi trabajo y no de un giro afortunado del destino.

En alguna ocasión mi esfuerzo se vio recompensado, sobre todo en Diciembre del año pasado cuando concursando con mi blog en los Premios mujer IT resulté ganadora en mi categoría y premiada con un viaje a Nueva York.

Casi un año después, y convertida en una madre babeante, hago participe a mi pequeña Sabela, enviando sus fotos (aquellas que no iba a subir jamás de los jamases a Internet) a diferentes concursos dónde cientos de padres obnubilados que consideramos a nuestros bebés los más monos, los más sonrientes y los más todo mostramos orgullosos las fotos de nuestros retoños, con la excusa de ganar cualquier chorradita para los peques.

Ahora estamos participando en dos concursos de "Mi bebé y yo". Por un lado en "La mejor sonrisa de tu bebé", dónde participamos con esta foto: Sabela ríe.

Y en otro que consiste en enviar una foto de tu bebé disfrazado de Halloween donde participamos con esta otra: Sabela y su primer Halloween dónde Sabela, en un escenario nocturno recreado sobre nuestra cama, luce el trajecito de esqueleto que tanto revuelo causó entre mis tías por no considerarlo adecuado para una tierna bebecita. 

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