11 de diciembre de 2012

Soy Sabela


Hola, me llamo Sabela y tengo 4 meses. La gente dice ¡4 meses ya, que rápido pasa el tiempo! Pero para mi estos meses son toda una vida, toda mi vida. Una vida que día a día se vuele más interesante y activa. Mamá   siempre está conmigo, de hecho cuando le dicen que debería dejarme algo con los abuelos, que además estarían encantados, e irse por ahí de juerga, ella dice que ni hablar del peluquín, que prefiere mil veces quedarse en casa calentita conmigo que irse de baranda hasta el amanecer, que al parecer es lo que solía hacer. Y lo mismo pasa con Papá. Él pasa conmigo menos tiempo del que quisiera, pero cuando está intenta aprovecharlo al máximo. Cuando me baña él, el baño dura mucho más tiempo y nos reímos mucho, después me viste despacio mientras juega conmigo.

Me encanta la música, las luces, los colores y los pianos. Tengo uno para darle con los pies, que nos regalaron los amigos de Papá, cuando toco las teclas con los pies hacen sonido y empieza la música, además mientras estoy tumbada me veo reflejada en un  espejo, otra de mis debilidades, y tengo juguetes para tocar con las manos. Me encanta este juguete.

Además, tengo un piano de los normales y me vuelve loca. Hay quién dice ¡Acabará siendo pianista! pero a Mamá le parece una tontería diseñar los gustos y aficiones de los hijos al antojo de sus padres, tratar de que se entusiasmen por aquello que a ellos les gustaría haber hecho, o por el contrario pretender que sigan sus pasos. Mamá dice que mientra sea feliz, le da igual que sea veterinaria o fontanera

Me gusta mucho salir a pasear, sobre todo porque me encanta ser el centro de atención, y cuando paseamos por el pueblo, todo el mundo nos para para verme, algunos nos gritan desde la otra punta de la calle, o vienen corriendo desde la otra acera. A mi me chifla crear tanta expectación, y cuando se asoman al carrito y les sonrío se vuelven locos. Que simples son los adultos.

El momento más relajado y tranquilo del día es cuando nos metemos todos en cama y Mamá lee un rato mientras yo duermo sobre ella. Yo duermo muy a gusto al calorcito de su cuerpo mientras va pasando páginas, y ella disfruta mucho de su ratito de tranquilidad, cuándo después de tener puesta su atención en mi durante todo el día, puede por  fin dejar volar su imaginación.





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