20 de febrero de 2013

Surrealismos mañaneros


En el piso de abajo vive una señora (creo que con su marido, aunque a este nunca lo vi) que es muy agradable. Siempre se para a hablar conmigo y con D, saluda a Sabela y acaricia a Rasta mientras dice: ¡Los perros son mejores que muchas personas! Más buenos y agradecidos, ¡y se enteran de todo! Y me cuenta la historia (que ya escuché unas 6 o 7 veces) sobre un perro al que una señora llamó feo y este, ofendido, la mordió. La semana pasada me dijo que tenía varios vestidos en su casa de cuándo sus niñas (que ahora ya son madres, según cuenta) eran pequeñas, y que ella, que es muy cuidadosa con las cosas, había guardado en perfecto estado hasta la actualidad. Dijo que le gustaría dármelos para Sabela. Insistí que no era necesario (Sabela tiene cómo tres docenas de preciosos vestidos esperando la temporada Primavera-Verano), pero ella se mantuvo en sus trece.

Ayer por la mañana, estaba  yo desayunando (gafas, pelo recogido en un CutreMoño y pijama de ositos) cuándo llaman a la puerta. Era la señora. "Hola" dijo desconcertada. "¿Es aquí la casa de Guillermo?
"No", respondí yo. "Aquí vivimos mi novio, el perro, la niña y yo" seguí dándole información, pues tenía cara de extrañada, cómo si no me hubiese reconocido. "¿Pero no es aquí dónde viven los chicos, que tienen un bebé?" parecía desconcertada. "Sí..." dije yo sorprendida. "¡Ah!, ¿está tu Mamá?" sonrió, creyendo haber entendido la historia. (¿Comorr? ¿Pensaba que la chica con la que normalmente habla... ¿Es mi madre?). "Aquí vivimos sólo nosotros con el bebé" respondí cautelosa y ya un poco asustada con la actitud confusa de la señora. "Ah, entonces eres tú la chica con la que siempre hablo en el ascensor, en el portal y en la acera... No, ella es más alta, ¡eres su hermana!" dijo triunfalmente, como si finalmente lo hubiera entendido todo. "No, YO soy esa chica". "¿Tú?" dijo mirando mi pijama y clavando la vista en mis zapatillas de colores y pompones "Alomejor es que normalmente llevas tacones". "No (¿Tacones? Eso sí que no)". "¿Y Guillermo, dónde está Guillermo?" preguntó cómo si necesitase pruebas  para acabar de creérselo. "No se llama Guillermo, se llama D" respondí yo con calma. Cómo no parecía convencida, fui a coger a Sabela y le dije "Ve, aquí esta el bebé" Entonces sí. Se le iluminó la cara y con una sonrisa de oreja a oreja dijo: "Si, si, ¡esta é a neniña! ¡Que bonitiña é!" Y se acercó a acariciar a la sonriente Sabela. Hay que ver, no me reconoce a mi simplemente por llevar gafas y un pijama infantil y reconoce a Sabela, un bebé de 6 meses, que son todos más o menos iguales. Entonces abrió la bolsa que traía y nos hizo entrega de un vestidito, realmente muy bien conservado teniendo en cuenta la cantidad de años que debe tener, y bastante mono. Finalmente, y acercándose a la puerta dijo "Ya te traeré más, pero esto es un secreto, no se lo digas a nadie" acercándose el dedo a los labios en un gesto de lo más siniestro.

  © NOME DO SEU BLOG

Design by Emporium Digital