5 de marzo de 2013

Casimiro


Mi pequeña salvaje es muy agresiva a la hora de despertarme. Y no se lo reprocho porque no es cosa fácil. Primero empieza suavemente pasándome las manitas por la cara, pero cómo ve que no consigue nada, pasa al plan B que consiste en tirarme de un labio, de un párpado, agarrarme los mofletes o meterme un dedo por la nariz. Hoy, optó por morderme un dedo, y cual fue mi sorpresa al notar algo duro asomando en su encía ¡El Señor Piño ya está aquí!

Que ilusión. Decidí que el nuevo inquilino y primera pieza de la sonrisa de mi niña necesitaba un nombre cómo "Dios" manda, así que me acerqué al calendario que cuelga en la pared de la cocina dispuesta a asignarle al piño el nombre del santoral que correspondiese al día de hoy. Además así podríamos recordar el acontecimiento. San Adrián. Pues vaya mierda. No podía darle al pequeño piño un nombre tan simple y con tan poca gracia. Así que me fijé en el santo de ayer. San Casimiro. Este si que es un nombre molón para el primer diente. Así que para tratar de justificar la jugada me dije a mi misma: "Probablemente el piño asomó ayer, pero como no me había fijado pasó desapercibido hasta el mordisco mañanero. Por tanto tiene todo el derecho del mundo a llamarse Casimiro. El nombre elegante y con personalidad que merece".

Seguro que cuándo sobresalga más será una monada, aunque en este cutre dibujo en Paint parece que sólo le falta una viñeta que ponga: ¡Cuñaaaaaao!

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