27 de mayo de 2013

Si, soy de pueblo


Hace tiempo, una chica joven y después de cometer un error informático en un tema muy básico, me decía entre risitas "Ui madre, parezco de pueblo". ¿Peeeerdon? 

Me parece increíble que hoy en día siga habiendo gente que piensa que los de pueblos somos  catetos ignorantes, sin cultura ni conocimientos informáticos de ningún tipo que vivimos perdidos entre pastos y ganado mientras que la gente de ciudad es "glamurosa" y estudiada. Podría empezar a citar durante horas y horas a personas procedentes de pueblos y aldeas que llegaron a hacer grandes cosas, y no me refiero solo a importantes médicos, jueces o  catedráticos, sino a muchos otros que, estudiando o no, se quedaron en el pueblo porque es allí dónde quieren estar.  

Si señorita, por increíble que parezca hay gente que prefiere vivir en un pueblo. No viven  en pueblos por obligación ni se mueren de envidia por tu vida urbanita. De hecho muchos compadecen tu existencia rodeada de coches y pitidos, gente apresurada y largas colas. Hay algunos, la primera yo misma, que preferimos una vida más tranquila. Y no es por ignorancia ni por desconocimiento de otra clase de vida. Viví durante años en  varias ciudades, y en cuanto pude me volví a mi pueblo.

Los pueblos tienen sus cosas, es cierto, y no todo el mundo sabe ser feliz en uno. Que todo el mundo te conozca tiene muchas cosas buenas, pero también malas, pues quién conoce (o cree conocer) tu vida se permite opinar sobre ella. Tienes que aprender a no darle importancia a lo que opinen de ti. Cuándo eres "adulto" esto es sencillo, pues (normalmente) tu personalidad esta formada y poco te importan los comentarios ajenos. Pero cuando eres joven o adolescente esto no es tan fácil por eso muchos quieren escapar de aquí cuanto antes. Porque si paseas con un chico (novio, primo o amigo) al día siguiente tu madre (cuyo amigo el pajarito habrá informado) querrá saber de quién se trataba. Y si te escondes en lo más profundo de los jardines para fumar un cigarro con tus coleguitas, al llegar a casa tu madre te pedirá explicaciones, pues ya se encontró con el maldito pajarito de la que volvía de la compra.

Pero ahora, y sobre todo después de vivir en ciudades, lo que era molesto resulta agradable. Me gusta salir a pasear y que la gente se pare a saludar a Sabela, que me pregunten como le va a D o que tal se adapta Rasta en el piso nuevo. Que mi padre venga a traer un tupper con caldo recién hecho por mi madre o parar a saludar a mi abuela cuando paso por delante de su casa. Tomar un café con mis amigas, las de toda la vida, esas con las que compraba alcohol a escondidas o fumé mi primer cigarro. Que mi prima venga a ver como baño a Sabela (con su camara guai, con la que acumula miles de recuerdos) o mi hermano venga a cenar pizza cuando llega los viernes. Sentarme ante la chimenea de mis abuelos y comer con mis padres los domingos.

Si mi futuro laboral me lo permite me gustaría quedarme aquí, o incluso en alguna aldea cercana. Que Sabela juegue en el parque con los hijos de las que jugaban conmigo. Que se siente en el aula dónde yo misma aprendí a escribir. Que señoras, desconocidas para ella, le pregunten si es la hija de Iria y le cuenten que su bisabuelo Pepe de Bellas era un pescador formidable. Que lea en la biblioteca los mismos libros infantiles, con olor a libro viejo, que ya leyó su Mamá. Y que señale orgullosa a su abuelo en las fotos antiguas que decoran la pared del colegio.

Puede que, llegada la adolescencia, se sienta agobiada por tantos ojos controladores y este deseando largarse de esta "mierda de pueblo". Pero también puede que se acabe dando cuenta de que en realidad fue muy feliz aquí y acabe volviendo, aunque solo sea a comer los domingos.

26 de mayo de 2013

De niños y enchufes

Sabela y el enchufe.
Siempre pensé que las madres eran un poco exageradas con el tema de la protección del hogar para los bebés; que si tapar los enchufes, redes para la cuna, proteger las esquinas de los muebles... Pero ahora que mi pequeña terremoto empieza a desplazarse por si misma veo que la casa está llena de peligros al alcance de sus manitas inquietas. Porque aún bajo mi atenta vigilancia (y la de Rasta, que no le quita ojo) uno de sus primeros objetivos fue meter un dedito en  el enchufe. Así que D tapó con cinta todos los que están a su alcance, pero esto no es más que una solución provisional, pues ya está aprendiendo a despegarla.

En cuánto pueda me haré con los protectores para enchufes, pues con este tema si estoy muy sensibilizada ya que teniendo 4 o 5 años presencié el electrocutamiento de mi hermano, un año menor. Santi siempre fue muy argalleiro (no conozco traducción para este término gallego), y después de ver como mi padre utilizaba un destornillador en un enchufe (un destornillador al que él llama buscapolos, no sé muy bien de que va el asunto, pero al meterlo en el enchufe se encendía una lucecita, lo cual entusiasmó a mi hermano) se quedó con el asunto en mente, y en cuanto tuvo un momento decidió emularlo. Los dos comíamos a la mesa, solos en ese momento, cuando mi hermanito fue al cajón de las herramientas, cogió un destornillador normal, acercó su silla para poder llegar al enchufe e introdujo el destornillador en el agujero. El corrientazo fue tal que se fue la luz de toda la casa, pero antes del apagón pude ver, alucinada, como a causa del impacto Santi salía disparado hacia atrás para ir a parar al suelo. 

No le pasó nada, inmediatamente se levantaba por si mismo con cara de flipado, antes incluso de que llegara mi preocupada madre, gritando enloquecida.

14 de mayo de 2013

Mocos

Sabela está a tope de mocos. Expulsa constantemente mucosidades de todo tipo. A veces son mocos líquidos y transparentes que chorrean rápidamente de la nariz a la boca. Otros son densos y verdosos que se quedan colgando. Los de esta clase le molestan y se pasa la mano extendiéndolos por toda la cara, entonces parece que le escupió una llama. Hay mocos muy graciosos que forman burbujas enormes a la salida de su nariz, que se hinchan y deshinchan al ritmo de su respiración. Ella, lejos de dejarse afectar por esta pegajosa situación sigue tan alegre como siempre y si en algún momento bajo la guardia con el pañuelo y me despisto con otra cosa cuándo vuelvo a mirarla la encuentro sonriendo con dos hermosas velas colgándole hasta la barbilla.

Y no me habléis de sacamocos. Invento del demonio. Parecía muy ingenioso y útil cuándo lo compramos pero nada más enchufarselo en la  nariz empieza a berrear como si estuviéramos sorbiéndole los sesos y hay que placarla entre dos personas e inmovilizarle manos, piernas y cabeza como cuándo quieres cortarle las uñas a un Yorkshire rebelde.




13 de mayo de 2013

Novedades

Sabela ya tiene nueve meses. Tiene dos dientes y empieza a asomar un tercero. El mes pasado nos mudamos a un piso nuevo y pintamos paredes rojas, verdes y rosas. Sabela tiene ganas de hablar, aunque de momento sólo dice "Dasta" (Rasta) mientras señala al perro emocionada. Pero creo que piensa que el término "Dasta" engloba a todos los perros en general y no al suyo en particular, pues el otro día gritó "Dasta" mirándo a Nemo. Aun no gatea, pero parece que tiene prisa por aprender a andar. Me abraza con sus bracitos regordetes y se duerme sobre mi hombro. Ahora la gente dice que se parece a mi, lo que me hace una ilusión terrible. Cumplí 28 años. Para el piso nuevo compramos una cama gigantesca (160x200), pero seguimos durmiendo los 3 tan apiñados cómo si fuese una cama nido. Tenemos un felpudo brutal (Foto). Ayer acabé último libro de Albert Espinosa, "Brújulas que buscan sonrisas perdidas", os lo recomiendo. Hoy empiezo El Alquimista, bendito Kindle. Rasta sigue adorando a Sabela, pero si antes la perseguía ahora huye despavorido de ella, pues esta le agarra los bigotes, le tira del pelo y le mete los dedos en los ojos. Pobrecito mío. Pero ella, que lo quiere por encima de todo, comparte con él sus galletas (tendríais que ver con que cuidado las coge de sus manitas) y a él se le olvidan todos sus males. A veces Sabela y yo nos vestimos igual. Sabela es fan de los columpios, la fruta, la música Rock, los collares, el nudismo y los móviles, ordenadores y mandos a distancia (es imposible ver algo en la tele sin que coja el mando y empiece a cambiar de un canal a otro sin parar). Odia las gafas (en cuánto me pongo mis nuevas gafa-pasta me las arranca de la cara sin contemplación), que le cambien el pañal y dormir la siesta. Cómo veis mi existencia gira en torno a un pequeño ser humano de poco más de 8 kilos, y no creo que haya en el mundo nada más gratificante.

Nuestro nuevo felpudo



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