10 de agosto de 2013

¡Feliz primer cumple mi niña!

Hoy Sabela cumple un añito (aunque cuando le preguntan cuantos cumple ella levanta un dedo al aire diciendo "Tes", quién sabe por qué). Nunca encontraré las palabras para describir todo lo que ha sido este año. Hoy me doy cuenta de que a lo largo de mi vida he estado celebrando mis cumpleaños sin entender plenamente su significado, porque anualmente celebro el aniversario de un día que ni siquiera recuerdo. Pero cuando pienso en el 10 de Agosto del año pasado siento mil cosas y recuerdo cada uno de los minutos de ese día.

El día 9 de Agosto me desperté a las 6 de la mañana sabiendo que Sabela estaba en camino. Nada nerviosa y muy emocionada desperté a D, cogimos la bolsa de colores de Sabela y nos fuimos a Ferrol. Durante todo ese día esperamos relajados muy relajados y tranquilos a nuestra pequeña que, aún una semana después de salir de cuentas, se hacía de rogar. Durante todo el día charlamos, comimos e imaginamos como sería. Pero llegó la noche y Sabela seguía resistiéndose a salir. A la mañana siguiente (y después de dormir en una butaca a mi lado) D se despertó sonriente y dijo: "Sea como sea, hoy si le veremos la carita a Sabela". Y así fue, después de otro día casi entero, a las 21.30 de la noche llegaba nuestra niña. 

Un año después Sabela duerme tranquilamente a mi lado y recuerdo este año, sin ninguna duda, como el mejor y más intenso de mi vida. Nadie que no sea madre puede entender lo emocionante que es ver asomar el primer diente, oír su primera carcajada o escuchar como te llama "Mamá" y te da un beso en la cara diciendo "Muuuuá". Ni entenderá la ilusión de la primera noche que duerme del tirón, come de una cuchara o mastica un trozo de pan. Y que decir cuando se suelta de tu mano y da su primer paso tambaleante. Locura absoluta. Y entonces pienso en todo lo que queda por venir, los "grandes momentos" que tenemos por delante y me muero de felicidad e impaciencia (aunque en el fondo quiero que todo pase muy despacio) al pensar en Sabela con su mochilita colgando en la espalda despidiéndome en la puerta del colegio. O quejándose por que le tiro del pelo al hacerle una trenza. Cuando insista en agarrar ella la correa de Rasta (Dios mediante, que diría mi abuela, porque con lo loco que esta no sé si este momento llegará algún día). Enseñándole a nadar mientras traga litros de agua, o engañándola diciendo que no la soltaré para que aprenda a andar en bici. Curando sus heridas cuando se caiga mientras le canto canciones de niñas valientes. O despidiéndome de ella como buena madre llorosa cuándo (espero que dentro de mucho tiempo) se vaya inevitablemente de mi lado. Entonces miro a este bebé que duerme a mi lado y sobre todo deseo saber enseñarle como ser feliz. Y me pregunto en qué momento de ese último año dejé de ser la niña para pasar a ser la madre.

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