2 de noviembre de 2013

La calabaza-gato de Sabela




Sabela ya va a la guardería. Me costó mucho tomar la decisión pero al final me decidí (fuera de plazo) a que fuese un par de horitas o tres por la tarde a jugar, divertirse con otros niños y aprender un montón de cosas. Y después de un duro (terrorífico) proceso de adaptación (apunto estuve de rajarme, coger a mi bebé y no volver a aparecer por allí hasta los 3 años mínimo) parece que empieza a disfrutarlo y entra y sale encantada de la vida. 

Esta semana con motivo de la fiesta de Samaín (Halloween  celta celebrado en Galicia) nos mandaron una notita indicándonos que debíamos decorar una calabaza. Al principio me puse un poco refunfuñona y D tuvo que aguantar mis quejas. Que ahora soy Mamá, llevo en solitario una página web a modo de consultorio veterinario en la que resuelvo todo tipo de dudas de dueños preocupados a través de la que recibo diariamente mogollón de preguntas que contesto en menos de 24 horas y, no contenta con eso, acabo de iniciar mi propia actividad como autónoma dedicándome a la alimentación de mascotas. Por lo que ahora mismo casi no dispongo de tiempo libre y cuando me enteré del asunto de la calabaza me puse en plan tonta (insoportable) y me recordé a Miranda en un capítulo de Sexo en Nueva York en el que se paseaba enfurecida por una tienda de disfraces buscando que ponerse para una fiesta en el cole de su hijo (siniestro pelirrojo) y diciendo que estas costumbres de hacer disfraces, dulces y manualidades son ideadas por madres amas de casa que no tienen otra cosa que hacer que cocinar y coser (nada más lejos de mi opinión, que nadie se enfade).

Una vez superada la crisis inicial empecé a pensar ideas y acabé emocionándome con el asunto y disfrutando mucho de la tarea. Desde el primer momento tuve claro que quería hacer un animalito y que pasaba del tema de vaciar la calabaza que tenía pinta de ser muy chungo y pringoso. Tuve que esperar a que la peque se durmiera para empezar mi tarea pues, aunque en la nota ponía que era una tarea familiar para hacer todos juntos en amor y compañía, después de que Sabela intentase comer la cola, amenazara a un asustado Rasta con las tijeras y la detuviese a un centímetro de pintar la pared con un rotulador, decidí que no estaba preparada para tan peligrosa tarea. Cuando se durmió me puse manos a la obra y el resultado fue el gatito que veis en la foto. Al final D se contagió de mi espíritu  "Hallowinesco" y acabó colaborando, entre otras cosas agregó al gato los colmillos, alegando que se trataba de una calabaza de Halloween y que el tierno gatito que yo había diseñado no daba ningún miedo. 

A la mañana siguiente Sabela se emocionó mucho al verlo, pero el color blanco y negro la despistó un poco y empezó a decir: Muuuuuu muuuu pensando que era una vaca.

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